Pablo Fugitivo: El último Mohicano del Rock
NOS SENTAMOS CON PABLO FUGITIVO PARA HABLAR DE LAS AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UN SINGER SONGWRITER DEL ROCK PATRIO
IVÁN GONZÁLEZ (@ejercitosdelrock)
Hace algo más de cuatro años, Pablo Fugitivo decidió dejar atrás su trabajo en el mundo del marketing digital para perseguir su sueño y dedicarse en exclusiva a la música, una apuesta muy arriesgada en los tiempos que corren y que le llevó a pasar muy malos momentos durante la pandemia. Reconoce que la espita que le llevó a dejar todo fue escuchar ‘Simulacro’, de Rafael Berrio, “para no malgastar en borradores la presente”, siendo muy consciente de que “la vida es una y al final el puesto en Linkedin no te lo llevas a la tumba”.
A raíz de ello publicó Voy Sólo (Autoproducido, 2019), su primer disco en solitario tras dejar atrás su anterior banda, Fugitivos del Swing. Un trabajo conceptual “más de corazón roto” que habla del amor, del desamor, la soledad y del vértigo de una nueva vida a punto de empezar, sin trabajo estable, sin su chica de toda la vida y sin su banda.
Una precuela de El Club de los Insomnes (Satélite K, 2022), su último trabajo y donde ya nos habla de esa aventura, de la intensidad, el sacrificio, las dificultades de este camino, de su viaje a Madrid, de la amistad, la noche y sus lances y del oscurantismo y miseria de la industria en la que se desenvuelve. Todo con una mezcla de rock, americana y canción de autor.
Pablo nos recibe en la casa de su Málaga natal, vestido con una camiseta del Pappo, precursor del rock argentino e integrante entre otros del grupo Los Abuelos de la Nada, donde también militó Andrés Calamaro. No hay ningún instrumento a mano, ninguna guitarra a la que venerar, aunque sí tiene muy presente su primera guitarra española, aquella a la que cambió las cuerdas de nylon para emular a Carlos Goñi en Revolver Básico (Warner Music, 1993), el primer disco que se grabó en España emulando los famosos MTV Unplugged. Una experiencia que, como era de esperar, terminó con final trágico para el instrumento.
El Club de los Insomnes comienza con ‘Quiero Vivir Siempre en un Sábado’, que con un sonido indie muy marcado nos transporta al momento de euforia que genera decidir tomar las riendas de tu vida. Sigue mostrando su faceta más de canción de autor al estilo César Pop o Dani Flaco en ‘La balada de Courtney Love’, una irónica historia sobre la noche, las groupies y la necesidad de eterna adolescencia de nuestra generación.
Después destaca ‘Días de Furia’, donde muestra el desencanto con la industria musical, un mundo donde cada vez hay menos hueco para el rock y donde se está perdiendo “el componente romántico y el amor por la música” en una canción que recuerda al MClan que vino de vuelta en Para No Ver El Final (Warner Music, 2010).
A mitad del disco llega ‘Madre’, un homenaje a la música que se escuchaba en su casa cuando era niño. Manteniendo la estética rock, pero con un sonido muy setentero de sintetizadores, recuerda a Serrat y la escribe para reconocer el papel y el sufrimiento en la distancia de una madre en la aventura de la vida de sus hijos.
“CERRAR LA PERSIANA DEL BAR, SACAR LAS GUITARRAS Y DEJARSE LLEVAR”
El punto álgido es ‘Queroseno’, en la que vuelven los sonidos de americana, aparece el slide en la guitarra y nos acerca a Quique González con su narrativa a través de fotografías, mostrando “su personal crisis de fe” para firmar la canción en torno a la que, en el fondo, gira todo el disco.
‘Sé Que Va a Doler’ es su “canción más especial después de ‘Madre’”, en la que colabora su amigo Gatoperro. Es una canción muy larga que rompe al final, una dylanina premonición de lo que estaba por llegar al mundo (fue escrita semanas antes de la pandemia) y en particular a su vida. En unos aires cercanos a los que transita Leiva, Pablo nos obliga a ser conscientes de la verdad, “que correr es de cobardes y de malos toreros”, sentencia la letra.
El malditismo de la profesión y los bajos fondos de una industria en la que ahora el músico “ya no es un producto, sino el cliente de todos”, queda patente en ‘Rata con Cola de Ratón’ que junto a ‘Como una Caníbal’ recuerda a su admirado Carlos Goñi.
El Club de los Insomnes es un lugar imaginario basado en las vivencias de Pablo en la casa de Rafa Toro en Málaga, “un lugar por el que pasaba todo el mundo cuando venía a tocar por la ciudad”, pero es también una actitud vital: “la de cerrar la persiana del bar, sacar las guitarras y dejarse llevar”. Pequeños momentos de felicidad ante la inclemencia de la estepa.
El último trabajo de Pablo Fugitivo es un “desahogo personal” frente a las dificultades, que entraña ser valiente y tomar el camino más difícil, la aventura de ser uno mismo frente a la apatía y tristeza de hacer todo por encajar en el molde, la maldición de sentirse el último de los mohicanos.