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Colectivo Panamera, uniendo las orillas del Atlántico

DAVID ESTANCOUSQUI

El número 11 de la calle Núñez de Arce, tras la Puerta del Sol de Madrid, tiene una historia oculta que quizá ningún transeúnte, foráneo o guiri, de los tantos que pasean por su puerta, conozca. Allí, en sus bajos, la movida madrileña recreaba sus performances a finales de los setenta. Sí, como las de Almodóvar y McNamara. Allí, en los actuales Estudios Santa Ana, Colectivo Panamera mostró a cuentagotas, este lunes, algunos de los temas que formarán parte de su debut discográfico, que verá la luz el próximo 14 de marzo.

En esta España hípster, es una suerte recuperar los ritmos propios y que peyorativamente se han tildado de latinos. Nacho (voz y guitarra del Colectivo) nos lo ha explicado muy bien durante la presentación: “el repentismo es una estructura fija que nos ayuda a hacer canciones, pero además con ello recuperamos el folklore español”.

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Frente a la mesa de producción, la primera pinchada fue El Arenal, una cumbia gozosa y adhesiva en la que sorprende, además del ritmo y la producción, la voz particular entre, media y grave, de Nacho. Un conjunto de matices que nos transporta a una adolescencia en la que los casetes de Calaveras y Diablitos recopilaban lo mejor del pop y del rock latino a finales de los noventa. Y es que en este tema se puede escuchar, metafóricamente, a Los Fabulosos Cadillacs; una idea coherente con lo que Nacho, Pepe Curioni (voz y guitarra) y Vanja (batería y coros) quieren transmitir en su primer largo.

Lo latino es algo de lo que Colectivo Panamera no sienten vergüenza. Y a través de una producción metódica y transparente, que ni oculta ni recarga, sino que solo ordena, se postulan con coherencia y se acercan más al Willie Colon de finales de los sesenta que al pastiche de Instituto Mexicanos del Sonido.

En palabras de Nacho: “Colectivo es la unión y la amistad”. Además es sinónimo de la idiosincrasia de los ritmos más allá del Atlántico. El segundo tema del combo, La calle de la Luna, remite a esas formas y a la suma de sus contrastes. Es la más electrónica del repertorio, un sonido actual semejante al del Extraperlo de Chilli Aquí, pero que se desarrolla con coherencia y nos devuelve a Los Rodríguez de primera onda, sin olvidar la permanente referencia americana-latina de Depedro. Su parte final y coreable, sentimentalmente merece un escenario grande en cualquier festival de rigor.

En todo caso la influencia de Depedro es iterativa durante la velada. Y se alude a ella aún más en el directo, sobre todo en la particular voz de Nacho. Un río que se va, interpretado ya a los mandos de los achiperres oportunos de cada cual y sin la máscara de la producción, es un tema que recuerda a ese primer Depedro.

La oportunidad de medir sus fuerzas será en la sala Copérnico de Madrid el próximo 5 de abril. Allí podremos valorar si la propuesta de Colectivo Panamera se acerca más a la puntual ligereza de aquellos Almodóvar y McNamara o a la sutil trascendencia de Bonnie Prince Billy.