Sierra Ferrell, paisajes vivos en canciones
La artista de Virginia Occidental publicaba el pasado agosto Long Time Coming
MARÍA F. CANET
Escurridiza, callejera e indomable, así es Sierra Ferrell y así suena su música. Esta joven veinteañera nativa de Virginia Occidental y de extravagante apariencia es uno de los últimos diamantes en bruto de la música norteamericana. Abandonó su hogar con apenas 20 años tras el impacto que en ella causó ver a un grupo de músicos ambulantes tocar y, durante un periodo, vivió cual zíngara: dormía en una autocaravana y se ganaba la vida tocando en las calles. Hace unos años, decidió fijar su sede en Nashville y, tras autoeditar dos primeros trabajos (no muy habituales en plataformas digitales), el pasado agosto llegaba Long Time Coming (Rounder Records, 2021), un disco que serpentea por diferentes estilos (bluegrass, country, folk, swing jazz…), que, como ríos, van a dar al gran mar de la música Americana.
Junto a Nikki Lane, Margo Price, Brandi Carlile o Jamie Wyatt, Ferrell forma parte de una constelación de artistas femeninas que cada vez brilla con más fuerza. Una nueva generación que rompe con los valores tradicionales asociados al country y con una feminidad ya obsoleta. Si en ‘Stand By Your Man’ Tammy Wynette instaba a las mujeres a resistir al lado de su hombre, a pesar del sufrimiento, el mensaje de esta nueva hornada de vaqueras se encuentra en las antípodas: las riendas son suyas.
El álbum arranca con ‘The Sea’, un medio tiempo que con sus guitarras swing, la percusión jazzística y una sección de cuerdas que emula al viento, brilla como el suelo húmedo y brillante de un muelle portuario. La brisa marina pronto cede paso al establo y al granero en cortes como ‘Jeremiah’ o ‘Silver Dollar’, piezas al estilo del bluegrass tradicional en las que destacan banjo y fiddle. Lo rural se encuentra con la barra del Honky Tonk al estilo de la escuela de Hank Williams en ‘Bells Of Every Chapel’ o ‘Givit It Time’, ambas con un bonito pedal steel, para escuchar mientras el whisky cura las heridas del corazón.
El bullicio permanente de Tremé palpita en ‘At The End Of The Rainbow’, que, con el protagonismo del trombón, es pura esencia Nueva Orleans y su espíritu callejero. El contraste lo pone la bella ‘In Dreams’ al evocar montañas y caballos al galope en las guitarras acústicas y los toques de batería que caen como sacudidas, con el aullido de la voz de Ferrell, dulce pero asilvestrada, a modo de eco constante.
La música desciende por la geografía americana en ‘Far Away Across The Sea’: maracas, guitarra española y trompeta fronteriza desprenden sensualidad latina, mientras la artista canta con la pasión de quién aún tiene recientes las huellas de un cuerpo ajeno en el suyo propio. Los ritmos sudamericanos se mantienen en ‘Why’d Ya Do It’, un tango revisitado en el que bongos, acordeón y un violín desbocado incitan al roce y al sudor, entre el recuerdo aún vivo de lo carnal y el lamento por no transformarlo en amor: “you love me with your body, but it’s never with your heart”.
En la cruda y etérea ‘Made Like That’, la cantante admite sus errores y reconoce no haberlos podido evitar, mostrándose vulnerable y fuera de lugar, despidiéndose de su hogar con un guiño a John Denver: “i just wasn´t made for this times/ i’m so sorry momma i have to go/ West Virginia country roads”. Dobro, fiddle, mandolina y coros ponen el toque de nostalgia en ‘West Virginia Waltz’, que comparte estructura acústica y pausada con ‘Whispering Waltz’, la encargada de cerrar el elepé, donde la fuerza da paso al susurro que empapa de tristeza la canción.
Sierra Ferrell ha sabido transformar paisajes en música. Cada canción de Long Time Coming es una fotografía sonora de un lugar. Recuerdos capturados en melodías, como en botes de cristal, antes de huir hacia el próximo destino. Quizás, esos recuerdos sean lo único fijo en la vida de esta trovadora del country.