Música para mantener alejados a los lobos
El músico norteamericano Ryan Bingham publica American Love Song, su sexto álbum de estudio
MARÍA F. CANET
La música siempre ha sido una herramienta mediante la cual exorcizar los demonios internos. Ya sea como músico u oyente, las canciones son esas tablas salvavidas a las que aferrarse por mucho que escuezan; un refugio en el que poder ser uno mismo. Como músico y compositor, Ryan Bingham ha convertido sus tragedias personales en arte —el alcoholismo que provocó la muerte de su madre o el suicidio de su padre— gracias a canciones tan sinceras y crudas como esperanzadoras. El Oscar que logró en 2009 por ‘The Weary Kind’, tema que compuso para la película Crazy Heart, le elevó al pódium de la música americana, gracias a esa mezcla entre el folclore popular norteamericano (Bluegrass, country) y el rock por la que apuesta. Con American Love Song (Axter Bingham Records, 2019), el de Nuevo México regresa tras cuatro años de silencio armado de quince temas en los que ahonda en sus miedos e inseguridades. Quince balas para ahuyentar a los lobos.
Producido por él mismo y Charlie Sexton (guitarrista de Bob Dylan), su sexto álbum de estudio destaca por el giro hacia el rhythm and blues y el rock setentero (Rolling Stones, Faces). Prueba de ello es la pieza con la que arranca el disco, la salvaje y cabaretera ‘Jingle and Go’, anzuelo perfecto para enganchar al oyente a base de blues-rock cimentado sobre teclados y coros gospel, al más puro estilo Dr. John. La velocidad y la carretera reaparecen de la mano de las distorsionadas guitarras de Sexton en ‘Nothin’ Hold Me Down’, rock sureño próximo a ZZ Top, tributo a la libertad sobre ruedas: “no me preguntes a dónde voy/ lo único que sé es donde he estado/no hay nada que me retenga”.
Cortes como ‘Pontiac’ —con ese guiño al ‘Jumpin’ Jack Flash’ de los Stones—o ‘Time For My Mind’ recuperan el lado más folk de este ex corredor de rodeos gracias al fiddle (instrumento del este de Europa similar al violín) de Ricard Bowden, mandolinas y armónicas.
Un slide y unas tímidas notas de piano se funden para introducir una historia de flirteo surgida en la barra de un Honky-Tonk de carretera, entre besos con sabor a cerveza y Line Dance en la preciosa y alegre ‘Lover Girl’, prueba del lado más seductor del compositor. La vertiente acústica del disco prosigue con la desnuda ‘Beautiful and Kind’, lamento social de un Bingham que desliza lentamente sus manos por el mástil de la guitarra en la soledad de la noche desde un porche: “gente juzgando los colores de la piel/ gente disparando a gente en sueños/clamando por una sopa de hueso para comer/desearía que el mundo fuese más bello y amable”.
La tristeza y la exasperación son el germen de algunas composiciones como ‘Blue’ —en la que reza con un canto desgarrado “hablando conmigo mismo, volviéndome loco, haciendo lo mejor que puedo para seguir contigo”— o ‘Stones’, un crudo epitafio musical con la muerte omnipresente en la que el cantante asciende del subsuelo mediante un in crescendo y coros celestiales. En la misma línea introspectiva, pero musicalmente diferente, surge ‘Wolves’, tema en el que el músico se enfrenta al aullido de esos lobos que representan sus miedos a base de unas envolventes guitarras acústicas secundadas por mandolina y órgano.
El blues más sucio y pegajoso aparece en ‘Hot Blues’ y ‘Got Damn Blues’ en las que sobresale el slide crujiente y la voz añeja y cavernosa de Bingham —al estilo Howlin’ Wolf o Tom Waits— mientras proclama “tengo el blues, mi madre me abandonó”, para entrar en un éxtasis musical animado por las voces de Taura Stinson y Candance Cole.
La crítica política y el desencanto aparecen en ‘America’ en la que el intérprete interpela directamente a su país (“¿qué hemos hecho?/¿en qué nos hemos convertido?”) y en ‘Situation Station’: “el mundo está lleno de frustración/el presidente se caga en la nación/se limpia el culo con todas las denominaciones”, ambas claros alegatos contra de la política de Donald Trump.
Ambicioso e introspectivo, con una fuerte apuesta por el blues sin renunciar a sus raíces country, en American Love Song Ryan Bingham demuestra que las canciones son el arma más efectiva para combatir fantasmas terrenales y emocionales: ya sea ahogando las penas en whisky o como compañía para celebrar la vida en la carretera, mientras suenan mantienen alejados a los lobos.
GIRA ESPAÑOLA
6 DE JUNIO, KAFE ANTZOKIA, BILBAO
7 DE JUNIO, PALACIO VALDÉS, AVILÉS
8 DE JUNIO, TBA
9 DE JUNIO, LA NAU, BARCELONA