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The Fall: el ángel caído del Nuevo Pop Madrileño

Repasamos la influencia de Mark E. Smith, líder del icónico grupo post-punk inglés, con protagonistas de las bandas del underground musical español de los últimos años

 

DAVID ESTANCOUSQUI

La explosión cacharrera y primaria que Mark E. Smith perpetraba con The Fall, la banda que lideró desde 1977 hasta su muerte el pasado 24 de enero, rompió el muro de la gramática generacional para ser coetáneo e influir en el desarrollo del underground musical de esta década en España. Su influencia ha sido especialmente determinante para las bandas del Nuevo Pop Madrileño, surgidas al calor de colectivos como Madrid Radical o Sisterhood y de salas como Juglar o Wurlitzer Ballroom. Alborotador Gomasio, Caliza, Cosmo K, Caliente Caliente, Ornamento y Delito, Rusos Blancos, Víctor Algora, El Pardo, Puzzles y Dragones, Alberto Azul o Las Odio deben mucho al angry young man del post-punk.

Tres integrantes de esta escena recuerdan el legado del ángel caído del Nuevo Pop Madrileño para FreeRockin’: “Mark E. Smith ha sido para mí una referencia y una inspiración constante e inagotable”, asegura Raúl Querido (Caliente Caliente, El Pardo). “Cuando mi primera banda, Mirza, estaba buscando cantante, colgamos un anuncio en Rough Trade Records: «Se busca cantante que le mole The Fall y The Birthday Party»”, recuerda Mark Williams (Puzzles y Dragones, Cerdito y Berlín17). “Gracias a The Fall, somos lo que somos”, sentencia David Ripoll, guitarrista de Alborotador Gomasio.

 

Aquí y ahora

El Nuevo Pop Madrileño brota en una ciudad golpeada por la crisis en una década, la segunda del siglo XXI, en la que los 35 palos no son sinónimo de independencia para sobrevivir, los trabajos son precarios y los alquileres altos. La mayoría de estos jóvenes comparten pisos en barrios grises y desgastados por la dejadez de las administraciones durante más de treinta años y amenazados por la gentrificación.

A pesar de cierto éxito residual, estos músicos se ven obligados a compaginar esos curros miserables con las obligaciones de una banda de rock. Ser elegidos para tocar en cualquier festival (a costa de las vacaciones de sus trabajos ordinarios) supone para ellos no solo un premio a su perseverancia, sino una oportunidad para ver a sus artistas favoritos sin tener que pagar unas entradas que no se pueden permitir.

 

Regreso al no future: Manchester, 1976

A Mark E. Smith le tocó sufrir el depauperado Manchester postindustrial de los setenta. El chico se buscaba la vida en el puerto, donde se ganaba unas libras que luego invertía con sus amigos en ponerse de ácido hasta las trancas y salir por los pubs de Manchester en busca de heavies con los que pegarse. Hasta que el 20 de julio de 1976, Smith y sus colegas se encontraron con Malcolm McLaren (promotor de la movida punk en Londres) a las puertas del Lesser Free Trade Hall proclamando a voces el primer concierto de Sex Pistols en Manchester.

A los pocos que acudieron allí, Howard Devoto (Buzzcocks) los definió de la siguiente manera: “Si te fijas en las fotos, la audiencia estaba formada simplemente por cinco tontos por línea” (Especial Never Mind The Jubilee. Here’s the true story of Punk de la revista Q). La decena de tontos que atendieron la llamada de McLaren (Joy Division, The Smiths, los propios Buzzcocks) salió deseosa de imitar a los londinenses. Mark E. Smith y sus colegas también se marcharon decididos a formar una banda punk.

 

El origen humilde de Smith y la crudeza del Manchester postindustrial marcaron el devenir de The Fall. “Es el grupo de la revuelta que nunca existió, el grupo más punk, el de los homeless, el de los peores, el de los fracasados, el de los mierdas”, apunta David Ripoll. La depresión de una ciudad desmantelada obligó a Smith a refugiarse en los cómics, que leía en el puerto para abstraerse de la realidad.

Canciones como Hey! Fascist (reescrita en 1994 como Hey! Student) dieron a la banda una identidad política de la que Smith siempre huyó. A pesar de ello, “Chandrasonic, guitarrista de Asian Dub Foundation, me dijo que The Fall habían hecho los mejores retratos cáusticos de la clase media británica”, comenta el periodista musical Víctor Lenore. Su procedencia infortunada convirtió a Smith en un desheredado, pero no utilizó The Fall como una plataforma ideológica, sino que usó a la banda en su propio beneficio, como una herramienta para criticar todo lo que le rodeaba, pero sin una intención social colectiva.

 

Genio y figura

Smith impuso desde el principio su dictadura y malhumor y ni siquiera le hacía gracia la etiqueta punk para referirse a su banda, algo que dejó claro en el tema Repetition del Ep Bingo Masters Breakout de 1978. (We dig repetition in the music / And we’re never going to lose it. / All you daughters and sons / Who are sick of fancy music?). “Fue un líder absolutista, un héroe idiosincrásico que dejaba su sello en todo. Su discurso, forma y fondo, lo supo llevar por un camino absolutamente propio”, remarca Raúl Querido.

 

 

El personalismo y el mal carácter de Smith ayudaron a que The Fall fuese una de las pocas bandas de Manchester que pudo eludir el dominio de Tony Wilson, creador de Factory Records y dueño de las carreras de grupos como Joy Division, New Order o Happy Mondays, a los que Smith odiaba y a los que señaló en Idiot Joy Showland del disco Shift-Work de 1991. (Idiot groups with no shape or form / Out of their heads on a quid of blow / The shapeless kecks flapping up a storm / Look at what they are: a pack of worms / Idiot Joy Showland). “Todas sus canciones han tenido algo de insulto musicado y rabioso”, concluye David Ripoll.

Mark E. Smith supo crear el personaje de anti-héroe e incluso se alegraba cuando los críticos desdeñaban sus canciones. “La actitud antipayaseo del Mark me pareció siempre lo máximo y el tipo tenía además un palique incontrolable”, dice David Rodríguez (La Estrella de David, La Bien Querida).

 

El ruido y la furia

El periodista José Fajardo enumeraba en una reciente entrevista a cuenta del último disco de Alborotador Gomasio (Luz y Resistencia, Limbo Starr, 2018) los recursos “poco trillados en el pop” que comparten las bandas del Nuevo Pop Madrileño: “ruido, distorsión y letras crudas”. Tres adjetivos que describen la identidad sonora de The Fall.

El sonido rudimentario de The Fall se sostuvo durante cuatro décadas gracias al carisma y la voz sesgada por el alcohol de Mark E. Smith, que declamaba en lugar de entonar. “Mr. Pharmacist tiene ese ritmo de rock clásico atravesado por esa voz tan característica que incitaba al anarquismo existencial”, describe David Ripoll. Smith sacó provecho de esas carencias y las convirtió en las cualidades por las que su banda se mantuvo como referente musical durante cuarenta años.

 

A la voz personal de Smith se sumaron los solos de una nota y los temas compuestos por un simple acorde. “Hacían los mejores riffs del mundo”, continúa David Rodríguez. “Mi primer instrumento fue el bajo. Identificaba aquella música post-punk a partir de sus riffs de guitarra de una sola cuerda, la voz con carácter y los ritmos y líneas de bajo”, confiesa Raúl Querido. El teclado repetitivo, la tosquedad en la guitarra y una línea de bajo pulsante y electrónica, confeccionaron una banda primitiva que logró capturar la esencia de la sencillez de las cosas para machacar las convenciones y los lugares comunes. “Su sonido es inconfundible, caótico pero muy melódico, con las líneas de bajo pegadizas de Steve Hanleys y esas melodías de guitarras de tres notas tocadas al unísono que se arrastran dentro y fuera de la mezcla”, asegura Mark Williams.

 

Durante todo ese tiempo, The Fall fue un prodigio de la productividad, con más de medio centenar de discos entre el estudio y el directo; y recorrió su pliegue de la historia con infinitas formaciones. Gracias a ese ir y venir de músicos, caminó por la linde que une y separa a todos los géneros, desde el punk al rock clásico, del pop a la electrónica; incluso el folk y el jazz resultaron para Smith instrumentos afinados con los que exponer su discurso. “Los músicos presentes en cada momento continuaban y a la vez renovaban ese Fall Sound”, cree Raúl Querido.

 

Las letras de The Fall se tejían a través de las confesiones íntimas de Smith (como su adicción al speed en Totally Wired), que se inspiraba en aquellos cómics que leía de niño en el puerto, en el krautrock (Can), en Peter Hammill, Stockhausen, Iggy Pop y, sobre todo, en Don Van Vliet, el Captain Beefheart, al que imitó en las poses sobre el escenario y en la confección de su personalidad vocal. “Mark E. Smith se paseaba dando tumbos tanto del brazo del primer rock&roll como del de Samuel Beckett y su capacidad para ejercer el humor tronchante, sin esperanza”, añade Raúl Querido.

 

Ver a The Fall en directo fue siempre una experiencia desconcertante. Smith solía tambalear su cuerpo pequeño y desgarbado sobre el escenario mientras escupía letras de fuego, jugueteaba con el micrófono y, a la vez, daba tragos a una botella de destilado. “Vi a los Fall en el 90 o 91 en Barcelona y fue de los conciertos que más me fliparon en mi vida”, relata David Rodríguez. “Recuerdo el impacto brutal del primer concierto que vi de The Fall: aunque no supieras inglés, te enganchaban por su forma abrasiva y visceral de cantar y tocar”, recuerda Víctor Lenore.

La actitud de Smith podía atraer como la fuerza de la gravedad o repeler como el olor del vómito. Sin embargo, no era extraño ver en sus conciertos a multitud de jóvenes que disfrutaban del ruido maravilloso que martilleaba el espacio alrededor de aquel viejo prematuro. “Los vi en 1994, en el Fillmore, San Francisco. Nunca antes había escuchado algo parecido. No tenía idea de lo que estaba cantando, pero no importaba. Era poderoso, directo, hipnótico. Un maestro de las palabras”, cuenta Mark Williams.

 

It’s better to burn out than to fade away

“Me gustaría imaginar a Mark dejando el alcohol y el tabaco, recibiendo el premio por toda una vida en la brecha, pero no puedo hacerlo. Me lo imagino muerto, pero no retirado ni cuidándose y haciéndonos renunciar a otro capítulo glorioso de su obra y de su historia”, dice Raúl Querido. El speed y el alcohol. Sus adicciones dejaron huérfanos a The Fall y compuesta y sin marido a Brix Smith, voz de The Fall durante su etapa más pop, a mediados de los ochenta.

Durante los últimos años el decaimiento de Smith era visible en los directos, en los que sobrevivía con la cara hinchada y “dando conciertos en silla de ruedas”, asegura Raúl. Sin embargo, para el músico madrileño, en la historia de The Fall “no hay una época dorada ni una decadencia; hay cambios de estilo y un tesoro en forma de coherencia y frescura”.

 

A modo de epitafio

David Rodríguez: “The Fall es uno de los mejores grupos de rock de la historia. Sin duda”.

David Ripoll: “Es el grupo con el que he bailado noches enteras bebiendo calimocho con los colegas”.

Mark Williams: “Mark E. Smith fue muy inspirador porque me enseñó que no necesitabas saber tocar un instrumento para escribir canciones”.

Raúl Querido: “Mark E. Smith fue un visionario. No se me ocurre una obra de sello y autoría tan indiscutible en la música popular”.

Víctor Lenore: “Dentro del indie, un género que detesto, eran lo más potente. No entiendo que unos moñas insufribles como Pavement pudieran ir diciendo en la prensa que estaban influidos por The Fall sin que los fans o Mark E. Smith les tirasen piedras”.