The Flying Burrito Brothers, vaqueros cósmicos
Analizamos el debut de la banda que revolucionó el country
CECILIA MOLINA
Demasiado vaqueros para ser hippies, demasiado hippies para tocar rock. Una mezcla que resultó ser demasiado pop. Hay momentos en la música, en los que solo unos pocos, tienen talento para captar los momentos de transición. Son esas etapas maravillosas en las que un músico une a sus propios gustos, aquello que musicalmente está pasando en el mundo. El resultado es uno de los mejores discos de aquellos años por su originalidad y eclecticismo. El músico: Gram Parsons. El año: 1969.
La experimentación con drogas flotaba en el ambiente entre los jóvenes del momento. Ken Kesey ya había hecho su viaje, literalmente hablando, en el autobús del LSD. En la televisión se retransmitía la carrera espacial de la guerra fría. En la música Dylan había vuelto a dar uno de sus giros sobre sí mismo publicando Nashville Skyline y la formación con la que grababa en esta época, sacaba disco, The Band. En Reino Unido David Bowie estaba a punto de lanzar su Space Odissey. Algo estaba pasando en la música cuando, The Gilded Palace of Sin se publicaba en febrero de 1969. Álbum debut de una extravagante banda, The Flying Burrito Brothers. Proyecto sacado del sombrero vaquero de Gram Parsons junto al que había sido su compañero en The Byrds, Chris Hillman.
Cuatro músicos con un pie en el glam en cuanto a vestimenta, y aires de la primavera del amor en la melena. A Gram se le ocurrió idear un look como el que llevaban sus ídolos cantantes country, pero, las lentejuelas y bordados serían hojas de marihuana, pastillas, cruces y amapolas, en vez de herraduras y caballos.
The Gilded Palace of Sin es uno de esos discos que hacen que quieras quedarte con el álbum entero. ‘Christine’s Tune’, con Parsons y Hillman cantando como los dúos vocales de los cincuenta, es la encargada de abrir el álbum. Impregnado de country en cuanto a instrumentación y temática, ‘Hot Burrito #1’, es uno de los cortes que presenta ese ‘algo’ distinto. El vaquero triste que habla de un amor perdido, con un pedal steel que aquí suena diferente: a melancolía nueva, melancolía del futuro.
‘My uncle’, quizás el tema que más ahonda musicalmente en las raíces norteamericanas, conserva el espíritu de los bares de carretera que tanto frecuentaba Parsons. La letra pone el foco en un joven que no quiere saber nada del tío Sam, ni cumplir el servicio militar, algo impensable para los más puristas. Los Flying Burrito Brothers convierten el ‘Do right woman’ de Aretha Franklin en una balada honky tonk, mientras que ‘Dark end on the street’, tema tradicional de gospel, muta en un rock coral con guiños al doo wop.
Estos nuevos vaqueros no querían que les cortasen la melena. Estos hippies vestidos de cowboys pensaban en las drogas y en seguir haciendo su música, sin importar si era comercial o no. Inauguraron un camino donde la mezcla de estilos (country, rock, pop) sería el poso de lo que hoy conocemos como Americana.